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Historia de la Alquimia

Para comenzar con la historia de la alquimia, deberíamos empezar por la etimología de la misma palabra. Aún habiendo varias teorías, la más aceptada viene a ser aquella que dice que viene del árabe (al – kimia), palabra de la cual nosotros hemos heredado en nuestro lenguaje y es de donde viene la palabra química, por ejemplo, aunque literalmente kimia se traduce como “tierra negra”. Este nombre es el que daban los egipcios a las tierras fértiles y negras alrededor del Nilo, que contrastaban con las blancas arenas del desierto. Así que ese término árabe, al – kimia, se traduce exactamente como el arte del país de la tierra negra.

Hay otras teorías, más cercanas a la leyenda, que dicen que viene del escrito de “Chemia”, un libro de conocimiento secreto que aparece en la biblia, que nos cuenta como los ángeles caídos regalaron a las hijas de los hombres tras ceder a sus apetitos carnales, (escrito en el Génesis), o que viene de la palabra “Khemeia” Griega que implica metalurgia o incluso extracción del jugo de las plantas.

El secretismo de la alquimia

Pero no nos engañemos, los alquimistas nunca nos lo pusieron fácil, no hay consenso porque intentaron ocultar, disfrazar y engañarnos. Los alquimistas eran herméticos, incluso sus apuntes, fórmulas, anotaciones y escritos no eran para todo el mundo. Estaban encriptados muchas veces, escritos en clave para que sólo los iniciados los pudieran leer. Con jerarquías de maestro a aprendiz, en el que esas recetas adelantadísimas a su época solo se revelaban dentro de ese círculo, bajo voto de silencio.

Además, hay falta de documentación. Si juntamos ese absoluto secretismo que ya de por sí tenían, sólo hay que imaginar las implicaciones de esa habilidad. ¿Cambiar los metales a oro? la consecuencia directa sería el poder absoluto.

A finales del siglo III, el emperador Romano Diocleciano, en plena expansión del imperio romano, se dio cuenta que, si los nativos de esas tierras negras son capaces de hacer oro, podrían pagar un ejército contra él. Así que mandó quemar todos los escritos alquímicos que se encontraran en tierras de Palestina y Egipto. E incluso la biblioteca de Alejandría, que se supone guardaba la mayor colección de escritos alquímicos fue destruida a lo largo de los siglos en diferentes ocasiones.

En vista de los acontecimientos, a nuestros días nos han llegado diferentes escritos. Pero por desgracia el espacio que ocupa la historia, cuando hay falta de documentación es rellenado por la leyenda.

De lo que nos queda a día de hoy, es seguro que para empezar el proceso alquímico, sea de transformación de metales, o sea la búsqueda de lo que llamaban polvo de proyección, los alquimistas partían de una base, la materia primigenia, pasando por las tres fases de la alquimia hasta acabar alcanzando ese grado de conocimiento deseado.

Hermes Trimegisto

Ya sea de origen mesopotámico, griego o egipcio, lo que aparece claro en numerosos escritos es que la leyenda alquímica por excelencia tiene un nombre, Hermes Trimegisto.

La necesidad de aclarar el origen difuso de esos conocimientos hace que todas esas culturas tomen a Hermes, el tres veces grande, el origen de la alquimia. No es casualidad que cuando hablábamos antes de ese carácter hermético de la alquimia viene por su nombre. De Hermes – hermético.

Es a Hermes Trimegisto al que se le atribuye la Tabla Esmeralda. Se dice que en caracteres fenicios y con punta de diamante, escribió toda esa sabiduría arcana en una esmeralda y ordenó ser enterrado con ella. No fue descubierta hasta que Alejandro Magno descubrió su tumba y la arrancó de las mismísimas manos de Hermes y así se dio a conocer.

Con toda probabilidad, este Hermes Trimegisto, que muchos creían que era el mismísimo Dios Thot egipcio, el mismo que le concedió al hombre la escritura, magia, astronomía y la medicina, fue en realidad un grupo de sacerdotes que recopilaron su conocimiento práctico en algún tipo de documento escrito.

La mayoría de lo que conocemos es leyenda

La creencia más extendida, sin embargo, es que la Tabla esmeralda no existiera nunca, de hecho, jamás se ha encontrado, tan solo se conocen traducciones del árabe al latín, aunque puestos a especular tampoco se ha encontrado nunca la tumba de Alejandro Magno.

No acaban aquí las leyendas, incluso a día de hoy se puede encontrar referencias en libros de alquimistas actuales, referencias que remontan el origen de la alquimia a civilizaciones desaparecidas sin dejar rastro tipo Atlántida o el continente perdido de Mu. Pero no nos engañemos, las leyendas son leyendas, mitos, cuentos que además de amenizarnos la velada en su día sirvieron para explicar lo que no se entendía. ¿Significa esto que no se puede dar una visión científica a la alquimia? En absoluto, pero hay que tener un punto de partida y escogemos uno de los lugares de la historia con mayor conocimiento que ha habido. Alejandría.

La ciudad de Alejandría

Fundada en el siglo IV antes de Cristo, capital de Egipto, llamada así precisamente porque la funda Alejandro Magno, centro neurálgico de conocimiento, el mayor museo que ha habido, la biblioteca más nutrida que haya existido, donde convergieron la cultura Mesopotámica y egipcia, con influencia de la filosofía griega de época de Sócrates, Platón, Aristóteles.

Como curiosidad, la biblioteca de Alejandría, que aunque se sabe que existió y que albergaba más de 700.000 volúmenes de saber, jamás se ha encontrado ni siquiera sus ruinas puesto que las referencias históricas son muy poquitas y lejanas y se desconoce su situación exacta.

La ciudad también tenía el mayor puerto del momento, y era en sus amplios muelles donde finalizaba la ruta de la seda. Por ello incluso tendrá influencias chinas, y es allí, en Alejandría, en aquel caldo de cultivo, donde los árabes harán suyo aquel conocimiento y le pondrán el nombre que hemos comentado, alquimia. A partir de entonces tendrán un montón de siglos para perfeccionar aquel conocimiento y comenzará su expansión a partir del siglo XII. ¿Cómo? En realidad, la respuesta es muy fácil, por el comercio.

Entrada de la alquimia en Europa

El caso es que la alquimia tiene esa expansión por el mundo árabe. Su entrada a Europa evidentemente se realiza a partir del siglo XII por la Península Ibérica y por Constantinopla, también capital del imperio Bizantino, y por lo que aprenderán los cruzados de los infieles.

Cuando ese conocimiento comienza a entrar en Europa, en pleno medievo, los estudios estaban reservados únicamente al clero y la realeza. Las labores de traducción y recopilación de los escritos llevarán un siglo, lo que hará que no sea hasta entrado el siglo XIII cuando aparezcan los primeros alquimistas europeos.

Sí es verdad que se trataba de un arte peculiar y que por su propia naturaleza comenzará a atraer multitud de miradas y adeptos. Es una materia cercana a las artes ocultas, aquellas que perseguía la iglesia. De hecho, incluso sus prácticas eran un tanto “sucias”, ya que no se trata sólo de teorizar, sino de llevar a la práctica esos principios de transmutación. Hay que encender fuegos, y realizar trabajos manuales que estaban destinados no al clero sino a los hombres “libres” digamos.

¿Un lenguaje propicio para la iglesia?

Así que nos encontramos con un arte hermético, pagano, y que difícilmente va a concordar con las creencias cristianas de la época. Pero igual hay algo con lo que no hemos contado. Los tratados alquímicos estaban escritos en clave, no los entendía todo el mundo, muchas veces encriptados. No eran para no iniciados. Al ser la cultura es casi exclusiva de la iglesia, hará que estos tratados serán estudiados exclusivamente por sacerdotes de la época. Sobre todo de las órdenes de los Franciscanos o Dominicos, que se convertirán sin saberlo en los primeros alquimistas.

En definitiva, encontrarán en aquellos tratados un lenguaje que convenientemente tratado no sólo será compatible con la iglesia, sino que servirá claramente a sus propósitos. El mismo dogma de fe, pilar de la iglesia católica y romana de 1215, el pan y el vino de la misa católica tras la consagración del sacerdote se convierte en el cuerpo y la sangre de Cristo, no es otra cosa que transmutación de la materia, se deja a un lado la apariencia o el sabor y cambia radicalmente la esencia de esos elementos.

Pues no es de extrañar que aparezcan clérigos muy reconocidos por la iglesia como Santo Tomás de Aquino. Él estableció que Dios no puede contradecirse con la lógica y por lo tanto la ciencia no tiene que verse limitada por la fe.

La evolución de la alquimia

Empezarán a aparecer más alquimistas en el medievo, Roger Bacon en Inglaterra o Basilio Valentín en Alemania. La alquimia empieza a dejar de lado la iglesia y se acerca a los laicos. Deja de lado los monjes y llega a la gente de a pie. Aunque esos nombres que hemos comentado son los alquimistas más reconocidos de la época, no son los únicos. De hecho, a lo largo de la historia hay muchos ejemplos de Alquimistas que aseguraron haber conseguido todo tipo de transmutaciones, que no serán más que embaucadores. Por eso en 1317, el papa Juan XXII, prohibió la alquimia.

Desde luego la historia en sí es curiosa, cómo debido a los actos de unos pocos, darán una forma u otra a los acontecimientos venideros. En la misma época en Italia aparecerán nuevas formas de pensar, nombres como el de Dante Alighieri, que dejarán de poner en el centro del foco a Dios, para que su lugar lo tome el hombre, toda esa influencia alquímica, alargar la vida, ese incremento de la razón como parte de entender el mundo que nos rodea, la misma naturaleza no se verá como enemigo sino como un aliado, y los que antes eran artesanos empezaran a llamarse artistas. Ha nacido el Humanismo. Una corriente intelectual que va a empezar a expandirse por Europa.

Mientras tanto en Praga, será en este siglo XIV cuando empiece a surgir más o menos la Praga que conocemos. Se comenzarán a construir los grandes monumentos como la catedral de San Vito o el puente de Carlos, pero hablando de esos “pocos” que cambiarán la historia, Jan Huss aparece creando una escisión en la iglesia y la semilla de lo que estaría por venir ya estaba arraigada en el corazón de los escritores, escultores, pintores, arquitectos… de repente el medievo se acaba, entramos de lleno en el Renacimiento, antesala del barroco que vemos en las calles de Praga.

Expansión de la Alquimia

Todo ello, además, coincide con un periodo muy importante. La cultura empezará a llegar a todo el mundo, se inventa la imprenta por Guttemberg en 1444. Los libros se abaratan con lo cual la expansión del conocimiento y las nuevas ideas será imparable. Pero por desgracia, aunque la alquimia será beneficiada en cuanto a número de adeptos, no tardarán en aparecen impostores. Utilizando trucos de magia, comenzarán a realizar demostraciones públicas de transmutaciones engañando a los oyentes. Pero esa asociación de alquimia y magia, que al principio será beneficiosa para atraer a los más curiosos, acabará jugando en contra de la alquimia.

Será un periodo en el cual importantes alquimistas llegarán de Alemania, con Cornelius Agrippa, o desde Suecia, el más importante del siglo XV, Paracelso. A él se deben los comienzos de la química farmacéutica de a día de hoy. Empezó a experimentar con los metales como curación de diferentes enfermedades. Aunque sin duda, es más recordado por que a él le debemos la asociación de los temperamentos galénicos a los sabores. Cuando decimos que una persona es salada, nos referimos a que es simpática, abierta, si decimos que es dulce, es una persona tranquila, si decís amarga, es una persona colérica, inestable y si decimos ácida, será un poquito melancólica.

La alquimia llega a Praga

En esta zona de Europa, había entrado el protestantismo. Martín Lutero en Alemania, en 1517, al clavar sus 95 tesis en la puerta de la universidad de Wittemberg, desencadena el divorcio de ambas posturas de la iglesia. Todo ello fue confirmado tras el Concilio de Trento unos años más tarde. La iglesia católica había prohibido la alquimia, así que sólo en países protestantes será donde más desarrollo se produzca. Esto incluye el que nos ocupa, República Checa.

Será bajo el amparo de la casa Habsburgo cuando aparecerán los personajes más pintorescos. Sobre todo al final de siglo, desde 1576, cuando aparece la figura más destacable de esta ciudad de Praga. Será el rey Rodolfo II el que dejará de lado la presión de la familia por adoptar el catolicismo. En su caso abrazará la alquimia convirtiendo Praga en luz cultural del mundo.

En su corte será donde aparezcan los personajes más reconocidos de la alquimia de esta parte de Europa. Se crearán laboratorios de alquimia aquí y allá, pero por desgracia se perdieron. Ese hermetismo de la alquimia, unido a la cantidad de reformas por las que ha pasado la ciudad de Praga, invitan a descubrir entre sus sótanos, túneles y espacios abovedados los lugares por los que pasaron aquellos personajes.

Grandes alquimistas en Praga

El rey que cambió la religión por la cultura se encargará no sólo de traer alquimistas a Praga, sino también científicos de la época. Apareció el danés Tycho de Brahe, al que se le concede el nombre de matemático imperial, o el que le sucede, el alemán Johannes Kepler. Pero en cuanto a la alquimia hay un nombre que va a sonar más fuerte que todos los demás. John Dee. Inglés, mago, astrónomo y por supuesto, alquimista. A finales del siglo XVI conoció al que iba a ser su compañero en Praga, Edward Kelly.

Alquimia en el siglo XVII

Rodolfo morirá en 1614. La alquimia entonces sufrirá un cambio. En esa misma época aparece, por ejemplo, Galileo, que confirmará las teorías de Copérnico diciendo que la tierra es redonda, y comenzará una racionalización del saber. Se dejará de lado la preponderancia de la fe, para que la razón asuma su lugar, y por suerte el siglo XVII, nos dará uno de los mayores alquimistas de todos los tiempos.

Un alquimista londinense que dedicará 30 años de su vida a escribir tratados alquímicos, uno que firmará todas sus obras como “IEOVA SANCTUS UNUS” que significa Jehová único santo, pero que no es otra cosa que un anagrama, si movemos las letras, tenemos otro nombre latinizado, “ISAACUS NEUUTONVS” que evidentemente ¿quién es? Isaac Newton.

Descubridor de la gravedad, utilizará sus conocimientos científicos de la época para combinarlos con los tradicionales. Defenderá la transformación de los metales en oro. De hecho, fue el primero que postuló que todo cuerpo está formado por una única materia universal, con diferentes propiedades, puesto que esa materia dispone corpúsculos –él los llamó- que ordenados de forma diferente componían los diferentes materiales, metales y demás. Anticipó la llegada de los átomos, electrones y fue pionero en la química moderna.

La alquimia se convierte en química

Todo conocimiento comienza a racionalizarse. Si la asociación alquimia y magia había funcionado en un principio, ahora actuaba en su contra. Hablamos del siglo XVIII y del principio de la edad moderna, la Ilustración.

Evidentemente a partir de aquí la alquimia sufrirá un declive puesto que se establecen las fronteras entre lo racional y el ocultismo, pues llega el momento en que todo adepto a la alquimia ha de decidir qué camino tomar.

En el siglo XVIII desaparecieron las demostraciones públicas de transmutación. Siempre hubo más embaucadores, como el Conde de Saint-Germain en Francia, que aseguraba haber encontrado el secreto de la vida eterna. La alquimia se convertirá de nuevo en un arte clandestino. aquel que lo practica ya no será considerado en serio por miedo ya no de la extinta inquisición, pero sí al escarnio público, a la pérdida de reputación social y a un repudio de las masas.

La ciencia ha ganado.

La alquimia en el siglo XIX y XX

Durante el siglo XIX fue igual. Eugene Berthelot fue el único que intentó darle otra perspectiva a lo que hasta entonces se sabía de la alquimia. Recopiló todos los datos que pudo y se preguntó qué puede haber de verdad en todas aquellas pociones, recetas y tratados que se conocían hasta entonces.

Se le considera el primer historiador académico del arte sagrado y eso bastó para resucitar la alquimia, aunque ya en el siglo XX, aparecerá también en Francia una figura que es considerada como el último gran alquimista. Fulcanelli. Simplemente un pseudónimo, un personaje entre la realidad y la ficción, con el cual se van a firmar los tres últimos tratados que se han escrito de la alquimia. Para el interesado, recomendamos el primero: «El misterio de las Catedrales», que se puede encontrar en cualquier librería.

La alquimia en la actualidad

Actualmente la alquimia es más un mito que un arte como tal. Digamos una disciplina desaparecida, que ha dado lugar otras prácticas más reales como la química o la meditación. Sin embargo, este tipo de materias de estudio intentan responder en muchas ocasiones las mismas preguntas que se hacían los alquimistas de antaño.

Se intenta aplicar el conocimiento actual para realizar mejores medicamentos, alargar la vida o mejorar la producción industrial. La industria va encontrando nuevos materiales y experimentando nuevos procesos de fabricación con el mismo fin de antaño. Un nuevo conocimiento que ahora llamamos tecnología.

La alquimia no ha desaparecido, se ha reinventado. El que se atreva a decir que la alquimia está muerta miente. De hecho, está más viva que nunca. En el fondo todos somos un poquito alquimistas y nos preguntamos qué hay de cierto en todas aquellas transmutaciones, en esas pócimas que se realizaban, o qué contenían aquellos elixires.

Por lo demás, hasta aquí su historia. Ahora nos toca a nosotros ir en busca de ese conocimiento a probar el mejor elixir de los checos, su Cerveza.

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